Servicio comunitario en vez de cárcel
Comments: 0 - Date: January 18th, 2008 - Categories:
Revisando la nueva ley de tránsito, me volví a preguntar por qué no se le da más espacio al trabajo comunitario como medida para evitar el hacinamiento en las cárceles, y de paso, para que las ong, parques, hospitales, etc., tengan más personal.
Este es un artículo que resume lo que yo no escribí por pura pereza:
Servicio comunitario en vez de cárcel
Hortensia Isabel Broce
Una manera de terminar con la impunidad de que gozan miles de delincuentes en este país, es hacerlos pagar su deuda a la sociedad con trabajo comunitario. Esta medida correctiva se practica en países tan avanzados como Finlandia, donde los que cometen faltas como manejo desordenado bajo la influencia de intoxicantes pueden ser condenados a pagar la mitad de su sentencia realizando servicios comunitarios (en hospitales, escuelas y parques), y la otra mitad, asistiendo a grupos de auto-ayuda como Alcohólicos Anónimos. Los así sentenciados que están empleados deben llevar a cabo las faenas comunitarias durante sus horas de asueto, después de cumplir con su horario laboral. De esta manera, el infractor mantiene su trabajo, continúa viviendo en su casa con su familia y paga su deuda con la sociedad. En el estado de Nueva York el trabajo comunitario ha sido ordenado por jueces para personajes famosos que tal vez no sobrevivirían en una cárcel. Hace unas semanas los neoyorquinos pudieron observar durante cinco días al cantante Boy George, vestido de sobretodo anaranjado, barriendo las calles de la Gran Manzana. Su condena es por posesión de substancias ilícitas.
En Panamá, un país en desarrollo donde hay escuelas con techos de paja, ríos con cauces llenos de basura, hospitales públicos con paredes descascarilladas, tenemos numerosas oportunidades para que los delincuentes no violentos paguen por sus faltas a las normas de nuestra la sociedad. A esos conductores que tienen multas con desacatos que ascienden a miles de balboas, se les debe dar un tiempo perentorio para que paguen.
De no hacerlo, entonces se les debe establecer planes de servicio comunitario, equivalentes a la suma adeudada. De manera similar, los funcionarios públicos que abusan de sus cargos y con frecuencia no van a prisión con el cuento de “que las cárceles están llenas” pueden pagar sus deudas con la Patria reparando bienes del Estado; pueden barnizar bancas en parques, limpiar ventanas de oficinas públicas o pintar verjas de museos.
Reorganizar el sistema judicial y el Código Penal para establecer un programa de servicio comunitario para delitos menores conllevaría una serie de gastos iniciales relacionados con el diseño del sistema según los objetivos que se establezcan. En el Reino Unido, el servicio comunitario es un requisito para los que se les otorga libertad condicional. Los objetivos principales de este programa son: reducir la población carcelaria e imponer un castigo. Otros programas de servicio comunitario tienen como objetivo principal que el delincuente “repare su daño a la sociedad”. En esos programas de justicia restaurativa, el servicio comunitario trata de vincular los delitos con el trabajo a ser realizado. De adoptarse un programa en este país, habría que hacer un análisis de los equivalentes de las penas con respecto a horas de servicio social. A cada hora de servicio comunitario se le deberá establecer un valor monetario, utilizando el salario mínimo como base. Una vez se establece un programa de este tipo, se deben establecer comités de supervisión y seguimiento, para asegurar que los castigos impuestos se cumplan.
A pesar de los costos de establecer un programa de servicio comunitario, éstos a la larga resultan menos costosos que enviar a menores infractores a prisión, porque se ahorran los gastos de alimentarlos en la cárcel y se obtienen beneficios para la comunidad. Para los infractores también resulta positivo, ya que se les ocupa en una labor para el bien común. Y lo más importante: los causantes de ofensas menores pagan su deuda a la sociedad, sin quedar impunes. Las estadísticas de la ciudad de Seattle, estado de Washington (EU), indican que los beneficios superan los costos del programa de servicio comunitario, establecido por la legislatura en 1984. En esa ciudad, la mayoría de los que son condenados a servicio comunitario cumplen exitosamente las labores que se les asigna. Los pocos que no llenan los requisitos básicos de la pena establecida son sentenciados a cumplirla en prisión.
Como sociedad debemos desarrollar, aunque sea poco a poco, un mecanismo para terminar con la impunidad para los que cometen delitos menores como infracciones de tránsito, hurto, posesión de substancias ilícitas. Si la señora está muy débil para ir a la cárcel de mujeres, entonces que ayude a las voluntarias del Hospital del Niño. ¿Que el ex funcionario del banco está muy mayor para ir a prisión? Que vaya todas las tardes al Hogar Bolívar a leerle a los ancianos. Son formas mediante las cuales los delincuentes no violentos pagan por sus faltas, restauran los daños cometidos y contribuyen al bienestar del país. ¡No más casa por cárcel!
La autora es especialista ambiental
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